¡Sin carnet no hay salud!

¡Sin carnet no hay salud!

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Los derechos fundamentales de todo ser humano son el derecho a la vida, a la libertad y a la igualdad. Dentro del derecho a la vida está incluido el derecho a la salud. Y dentro del derecho a la salud está implícito el derecho a la igualdad: “el goce del grado máximo de salud es uno de los derechos fundamentales del ser humano, sin distinción de raza, religión, ideología política o condición económica o social” (Constitución de la Organización Mundial de la Salud).

En su columna “Sebastiana sin secretos” de esta semana, publicada en el semanario Quinto Día, la periodista Sebastiana Barráez le exige a Tareck El Aissami, vicepresidente de la república, que sea más sensible. No es para menos: “con el carnet de la patria le vamos a suministrar la vacuna necesaria”, dijo El Aissami. Los hijos pagarán la “culpa” de los padres de no sacarse el carnet de la patria, otro mecanismo más de control y presión del gobierno de Nicolás Maduro.

La escasez de medicinas ha alcanzado niveles jamás imaginados en este país rico. Que Somalia, Eritrea o Bangladesh no tengan vacunas, es triste, es injusto, pero es entendible. Que en Venezuela no las haya, es un crimen de lesa humanidad. Menos entendible es que un hombre que tiene hijos, y uno de ellos enfermo, sentencie a otros niños a pasar por los riesgos que significa no vacunarse. En la Venezuela de hoy hay enfermedades que habían sido erradicadas: sarampión, malaria, difteria. Desde el año pasado han fallecido –que se sepa – más de 40 personas de difteria, una enfermedad que se evitaba con la vacuna conocida como la “triple”. La malaria  –exterminada en Venezuela durante los años 50 por el doctor Arnoldo Gabaldón – ha vuelto con más fuerza que nunca. Esta semana reportaba el periodista Brian Segura para Caraota Digital que solamente en Anzoátegui había más d 7 mil casos. La diputada Oneida Guaipe denunció que no hay químicos para fumigar, ni remedios para el tratamiento.

No sacarse el carnet de la patria no es un delito. Y si fuera un delito, los “delincuentes” serían los padres que no se lo sacaron, no los niños que no serán vacunados. ¿Cómo entonces discriminarlos? Los organismos de Derechos Humanos ya deben estar al tanto de esta nueva violación. Este asunto –y sus culpables– terminarán en La Haya, no lo duden.

Fuente: Carolina Jaimes Branger / El Universal

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