No es tan simple: depresión y VIH

No es tan simple: depresión y VIH

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La depresión ha sido reconocida como el principal problema de salud mental en el mundo. En las personas con VIH/sida, hay que poner especial atención y darle un seguimiento cercano que garantice para ellas la mejor calidad de vida posible.

Leonardo Bastida Aguilar

La “depre” no sólo se presenta cuando la persona está triste porque no consiguió alguna oferta para cambiar de teléfono celular o porque el equipo favorito del deporte de su predilección no ganó un esperado encuentro. Ambos son claros episodios de tristeza que probablemente desaparecerán cuando la persona consiga otra oferta de teléfono celular o su equipo predilecto vuelva a ganar, o más fácil aún, con un momento de diversión horas después del “trágico” suceso.

Sin embargo, hay ocasiones en que los períodos de tristeza se prolongan por más de dos semanas y pueden causar disfunciones en la vida cotidiana, como falta de concentración, dificultad para resolver problemas, incapacidad de sentir placer con actividades que antes lo producían y alteraciones en la energía, en el peso (hacia arriba o abajo), en el apetito, en el sueño e incluso pensamientos pesimistas, de muerte y suicidas, los cuales, en conjunto, son indicadores de que la persona no está triste sino deprimida, explicó en entrevista Edilberto Peña de León, neuropsiquiatra y director de investigación del Instituto de Neurociencias, Investigación y Desarrollo Emocional.

Para el especialista, la distinción es muy importante, pues mientras la tristeza implica que si algo provoca malestar en una persona, al resolverlo se sentirá bien, la depresión requiere de un acompañamiento profesional y de medicamento, en caso de que sea severa.

En presencia del VIH

El hecho de que una persona se entere de que tendrá una enfermedad crónica de por vida, como el VIH, puede provocar reacciones más allá de la tristeza. Por esa razón, el también miembro de la Asociación Mexicana de Psiquiatría y Neuropsiquiatría explicó que en el caso de las personas con VIH, es necesario identificar cuando una persona recién diagnosticada con VIH no está en un período de tristeza y sí de depresión.

Señaló que un primer factor a tomar en cuenta es si la persona ha tenido depresión previa, porque hay cierta propensión a volver padecer depresión cuando ésta ya se ha presentado.

El diagnóstico es un momento importante, por lo que el procedimiento clínico actual es muy claro y debe haber un acompañamiento profesional que permita diferenciar si se vive un período de adaptación o de duelo, que en promedio dura de dos semanas a tres meses, o si se presenta en todo momento, lo cual significa que la persona se está encaminando de un duelo hacia una depresión.

Dentro de esta evaluación, el punto clave es la funcionalidad, comentó el maestro en ciencias médicas, ya que las personas pueden sentirse tristes pero “si siguen las funciones como eran, entonces lo que se está dando es un ajuste de adaptación ante la situación”.

Otro momento a vigilar en una persona con VIH es cuando requiere tratamiento antirretroviral, debido a que algunos esquemas pueden modificar el estado de ánimo, por lo que es importante cierto acompañamiento.

Un último estadio donde pudiera presentarse depresión es si la persona con VIH evoluciona a sida porque puede tener otro duelo causado por el hecho de perder la salud o ser testigo de grandes alteraciones médicas.

El tratamiento

La depresión puede ser leve, moderada o severa. En el caso de las primeras dos, requieren de atención psicoterapéutica, y la última de un tratamiento farmacológico a causa de las alteraciones bioquímicas en el cerebro.

Quienes viven con VIH, indicó Peña de León, deben atenderse con un especialista, pues como muestran algunos estudios, hay una mejoría, no sólo en la cuestión mental, sino en general, debido a que se ha visto que se apegan mejor al tratamiento y presentan mejores niveles de cargas virales, incluso a nivel indetectable.

Reflejo de eso es una investigación llevada a cabo en Uganda por Etheldreda Nakimuli-Mpungu y su equipo de investigadores, quienes recientemente publicaron en la revista The Lancet un estudio en el que se midió por seis meses el impacto de la psicoterapia en personas VIH positivas y encontraron menores índices de depresiones severas y mejores índices de funcionalidad en quienes recibían este tipo de apoyo.

En contraparte, comentó Peña de León, cuando la persona está deprimida, es más propensa a no comprometerse con los tratamientos ni estructurar las cosas para cumplir con su esquema médico debido a que comete olvidos de manera frecuente, situación que conlleva el que haya menos posibilidad de apego.

Además, los nuevos medicamentos contra la depresión ya no provocan tantos efectos secundarios cuando interactúan con los antirretrovirales.

Fuente: http://www.jornada.unam.mx/2015/10/01/ls-once.html

 

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