Mujeres en especial peligro de muerte en Venezuela

Mujeres en especial peligro de muerte en Venezuela

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“No deja de ser paradójico que los sistemas de salud con frecuencia desatiendan las necesidades de las mujeres a pesar de que estas contribuyen mucho a mejorar la salud mediante su función como cuidadoras principales de la familia y también como prestadoras de asistencia sanitaria en los sectores formal e informal”. OMS

La escasez de medicamentos e insumos médicos en Venezuela se ha venido agravando en el último año. Esta realidad supone que cualquier persona que no logre conseguir y comprar el medicamento que necesita un día, cualquier día, a cualquier hora y en cualquier lugar, puede morir. La situación de zozobra en que miles de personas viven en Venezuela, donde los medicamentos que permiten mantener una mediana calidad de vida a quienes sufren de hipertensión arterial, diabetes, cáncer (entre otros) escasean, ha impulsado el surgimiento de gran cantidad de APPS en el país durante este periodo de tiempo dirigidas a ubicar algunos de estos medicamentos, ya sea en establecimientos comerciales o a través de donaciones. Solo necesita darse una vuelta en Twitter para constatar esta realidad: en un día, pueden haber de 50 a 65 peticiones de medicamentos para la tensión. El impedimento legal de enviar por encomienda las medicinas, agrava la situación de aquellas que viven en lugares apartados de las ciudades más céntricas.

Garantizar la salud es garantizar la vida

La Declaración Universal de los Derechos Humanos establece en su artículo 25: “Toda persona tiene derecho a un nivel de vida adecuado (…) la salud y el bienestar (…)”. En Venezuela, el artículo 83 de la Constitución determina la responsabilidad del Estado en cuanto a garantizar el pleno disfrute de la salud “como parte del derecho a la vida…” . Queda claro que el  no proveer las condiciones necesarias para que sus ciudadanos disfruten plenamente del derecho humano a la salud, puede traducirse como una condena a muerte.

En 2013, varias organizaciones gremiales del área de salud levantaron alarmas sobre la posibilidad de que se presentara una grave escasez de medicamentos e insumos médicos. El último Anuario de Mortalidad publicado por el Ministerio del Poder Popular para la Salud publicado, corresponde a ese mismo año, e indicaba que las cinco primeras causas de muerte de las mujeres venezolanas eran:

Enfermedades del corazón: 20, 61%

Cáncer: 15, 42%

Diabetes: 7, 64%

Accidente Cerebro Vascular: 7,45%

Accidentes: 6,34%

En específico, las enfermedades hipertensivas causaron 1665 muertes, las enfermedades isquémicas de corazón, 9471 y el infarto agudo al miocardio más de 15 mil, en mujeres de  edades comprendidas entre 35 y 74 años. A nivel global, la Organización Mundial de la Salud ha señalado que las enfermedades cardiovasculares son la principal causa de muerte entre las mujeres, y que la diferencia entre los países de bajos y altos ingresos en cuanto al presupuesto asignado para garantizar la salud de las mujeres, determina que en los primeros, la mortalidad sea más elevada antes de los 60 años.

El cáncer de mama produjo la muerte de 2063 mujeres y la Diabetes Mellitus 5640. Además de ser las principales causas de muerte entre las mujeres venezolanas, estas tres enfermedades tienen algo en común actualmente: los medicamentos necesarios para que quienes las padecen puedan luchar y sobrevivir no se consiguen con facilidad (o no se consiguen del todo) en Venezuela.

Las estadísticas que mencionamos no han sido actualizadas desde hace cuatro años, lo cual hace imposible conocer con certeza las consecuencias que ha tenido para la población la escasez de medicamentos. Pero a falta de números, tenemos historias.

Caminos cruzados: la historia sin fin

Elena* tiene 64 años, fue diagnosticada hipertensa a los 39, después de una histerectomía. Su madre murió  a los 35 años por causa de un derrame cerebral, su hermana mayor tuvo tres ACV antes de sucumbir a una serie de infartos. La hipertensión forma parte de su historial médico, y la búsqueda incansable de medicamentos forma parte de su historial de vida. Durante los últimos tres años ha debido cambiar cinco veces la pastilla, ha usado ajo y agua de vainilla, y recurrido a “la amiga de una amiga que vive en el exterior” para poder mantener controlada su enfermedad. En el ínterin, ha entrado y salido de varias emergencias  por una baja repentina de la tensión que la desmaya o una crisis hipertensiva, dependiendo de qué pastilla logró hallar, del laboratorio y de la dosis. Porque Elena* a veces se toma la mitad de lo prescrito por su cardiólogo “para rendirla, no quiero que mis hijos anden como unos loquitos de aquí para allá”. Ella sabe que cada día puede ser su último día, por eso le dice a sus hijos todos los días que los ama “la angustia de buscar las pastillas me sube la tensión, trato de no pensar en eso, cuando veo que la caja tiene solo dos o tres pastillas y mis hijos ya comienzan a peregrinar de farmacia en farmacia, no es vida eso”.

Eugenia Merchan tiene 82 años, padece desde los 32 años de Diabetes Mellitus tipo 1,  Nefropatía Diabética, Arritmia Cardiaca e Hipertensión. La falta de medicamentos le causo un Accidente Cerebro Vascular, y los cambios en los mismos le produjeron otros padecimientos. Su hijo, Danny Rausseo, ha debido recurrir a todos los mecanismos necesarios para poder adquirir las medicinas que su madre necesita: redes sociales, donativos, amigos en el exterior y las recurrentes visitas a no menos de 30 farmacias semanalmente. Su hijo relata: “A raíz de la escasez apremiante de medicamentos hemos tenido que recurrir a otros medicamentos que los doctores recomiendan ocasionándole nuevos padecimientos y hospitalizaciones innecesarias, como en una ocasión que hubo una intoxicación por warfarina (requeria Ribaroxaban es un poco más suave) y estuvo tan anticoagulada que la tensión alta rompió los vasos sanguíneos de los ojos poniéndolos completamente negros”.

Del Valle* es una mujer de 46 años, hipertensa desde los 40, con historial familiar de enfermedades del corazón. Trabaja medio tiempo y tiene dos hijos adolescentes. Desde que fue diagnosticada ha debido cambiar tres veces de pastillas. Hizo el “experimento de tomar la pastilla un día sí y otro no, pero eso me produjo una crisis hipertensiva y tuvieron que llevarme a una clínica”. Camina todo lo regularmente que puede y trata de comer sano, sus controles médicos han ido espaciándose a medida que su salario se ha visto reducido a “dos bolsas de supermercado”. Prioridades, dice ella. “Uno de mis hijos ya entró a la universidad, pagar sus estudios es una prioridad, pero necesitamos trabajar los dos. Estar incapacitada por una crisis hipertensiva me ocasiona gran angustia cuando pienso en que ese día me lo van a descontar del sueldo o de la cesta ticket. Necesito estar sana para poder sacar adelante a mi familia”. En un país donde cada vez más hogares dependen económicamente solo de las madres o hermanas mayores, las enfermedades del corazón causan (según el mencionado Anuario de 2013) el 12% de las muertes de mujeres en edades productivas (35 a 54 años).

Estas son solo tres de miles de historias de mujeres con enfermedades crónicas, cuyos caminos se cruzan en las farmacias, en las redes sociales, en el transporte público. Mujeres que intentan asumir con optimismo cada día, mientras miran como las pastillas que las mantienen vivas van terminándose y piensan en donde buscaran ahora ese medicamento: “son como un reloj (las cajas de pastillas), yo las veo y pienso ´tic tac, tic tac´. No es vida eso” .

“Se cerró 2016 sin compras de medicamentos de alto costo ni medicamentos esenciales. 2017 será un año catastrófico para las personas que dependen de una medicina para vivir”, Francisco Valencia, presidente de la Coalición de Organizaciones por el Derecho a la Salud y la Vida, CODEVIDA-

Fuente: Jackeline Fernandez / Amnistía Venezuela  

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