Las claves de una cocina más segura para los alimentos

Las claves de una cocina más segura para los alimentos

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Una buena limpieza de todo lo que entra en contacto en la cocina con alimentos es fundamental para reducir riesgos de intoxicaciones alimentarias

Autor: Por MARTA CHAVARRÍAS  Fecha de publicación: 22 de abril de 2015

Con el cambio de tiempo y la llegada de las altas temperaturas, muchas personas aprovechan para hacer una limpieza más exhaustiva de la casa. La cocina es una de las zonas que más atención requiere porque es donde se manipulan alimentos y, por tanto, donde puede ponerse en riesgo la salud si no se toman las medidas adecuadas. Una buena limpieza, sobre todo de la nevera o el congelador, es fundamental para reducir las intoxicaciones alimentarias, así como para tener la despensa en orden y al día. Debe tenerse en cuenta, además, que las temperaturas más altas favorecen la formación y proliferación de patógenos y que todo lo que está en contacto con alimentos debe mantenerse limpio todo el año. El artículo explica cuáles son las claves de una cocina más segura y cómo limpiar los electrodomésticos.

La seguridad alimentaria implica conocer dónde pueden prosperar las bacterias para no darles la oportunidad de sentirse “cómodas”. Las que causan enfermedades de transmisión alimentaria pueden sobrevivir en muchos lugares y zonas de la cocina, además de en los utensilios y las manos. Por eso, todo lo que entra en contacto con los alimentos debe mantenerse limpio todo el año para reducir problemas como contaminaciones cruzadas.

Se pueden establecer rutinas regulares de limpieza para reducir riesgos. Pero además, la cocina debe desinfectarse. Una vez se haya limpiado con agua y jabón líquidos, se enjuaga bien y ya se puede desinfectar con cloro destinado al contacto con alimentos.

Las claves para una cocina más segura son:

  • Antes de manipular alimentos, lavarse bien las manos. Es una de las mejores maneras de prevenir la propagación de enfermedades transmitidas por alimentos.
  • Limpiar las encimeras antes y después de preparar alimentos. En esta zona se hace gran cantidad de comida, motivo por el cual siempre hay que lavarla antes de utilizarla y después de cada uso, sobre todo al manipular carne cruda, huevos o verduras.
  • Lavar tablas de cortar, utensilios y grifos después de hacer cada alimento. Las tablas pueden albergar bacterias en las grietas provocadas por los cuchillos, por lo que deben lavarse con agua caliente y jabón después de cada uso. Cuchillos, cucharas de madera o espátulas deben limpiarse a fondo después de utilizarlos con alimentos crudos.
  • Mantener la nevera limpia en todo momento: evitar derrames y eliminar olores persistentes.
  • Revisar los alimentos del frigorífico y de la despensa y deshacerse de los que están en mal estado.
  • Establecer nuevos hábitos de seguridad alimentaria, como repasar los alimentos una vez a la semana para evitar que se acumulen productos con una vida útil corta.
  • Los armarios y despensas donde se almacenan alimentos como cereales, pastas o arroz, deben ser zonas frescas, limpias y secas. Los derrames, migajas o azúcares atraen a los insectos. Para evitar plagas, deben limpiarse las superficies con agua y jabón de lavar platos y secar bien. Desechar productos enlatados abollados u oxidados y poner delante los más antiguos.

Los electrodomésticos, los grandes olvidados

Microondas, horno, nevera o congelador son importantes aliados en la cocina. Además de permitir cocinar los alimentos de distintas maneras, también facilitan la conservación de muchos de ellos. Pero estas acciones deben ir acompañadas de pautas de limpieza específicas. Mantener estos electrodomésticos en óptimas condiciones de higiene, no solo por fuera, sino también en su interior, es primordial para que no se amontonen restos de comida y así, por tanto, evitar que se formen focos de contaminación por microorganismos. El binomio limpieza-desinfección se complementa, porque la acción de ambas minimiza el riesgo de formación de puntos de acumulación de suciedad y proliferación de microbios. Y es que aunque una zona parezca que esté limpia, su uso continuado facilita la aparición de bacterias y grasa.

Cuanto más pronto se haga la limpieza después de cocinar con el microondas o el horno, más efectiva será porque los restos se eliminan de manera más fácil. Además, las gomas de las juntas, tanto del frigorífico como del congelador, son zonas que no se tienen muy en cuenta, pero que juegan un papel fundamental en la prevención de riesgos alimentarios.

En el caso del microondas, las partes desmontables, como el plato giratorio y la base sobre la que se sustenta, se pueden extraer y limpiar con un paño suave humedecido con agua tibia y detergente. La parte externa (la puerta) también debe lavarse, sobre todo la que está en contacto con las manos y las juntas.

El horno se suele utilizar de manera puntual, de forma que si no se limpia después de cada uso, los vapores de grasas y líquidos se adhieren a las paredes internas y se forma una capa de suciedad. Debe lavarse con productos específicos para ello y evitar cepillos o productos abrasivos que puedan rayar superficies.

En cuanto a la nevera y el congelador, además de la limpieza, debe verificarse que se mantienen a una temperatura adecuada (entre 1 ºC y 4 ºC el frigorífico y por debajo de -18 ºC el congelador). Planificar la limpieza es fundamental para evitar la aparición de microorganismos. Antes de hacerlo, deben vaciarse y desenchufar; envolver los alimentos que queden en el congelador para que tarden en descongelarse; limpiar el interior con un paño humedecido con agua caliente y bicarbonato; y lavar el exterior, sobre todo los tiradores.

Trapos y esponjas

Estos utensilios de limpieza también constituyen un foco de suciedad, si no se lavan con periodicidad. Los trapos son uno de los utensilios más empleados en las cocinas. Un uso inadecuado de ellos puede convertirlos en fuentes de contaminación, ya que un trapo infectado puede producir millones de bacterias en solo unas horas. Debe cambiarse con regularidad; de no hacerlo, es preferible utilizar papel de cocina.

En cuanto a las esponjas, al ser un objeto que está permanentemente húmedo y tiene grietas, es uno de los principales “hogares de bacterias patógenos” como E. coli, Salmonella o Campylobacter. Para evitarlo, deben limpiarse con frecuencia, usar un sistema de rotación con dos esponjas, retirar los restos de partículas de comida adherida y mantenerlas secas.

Fuente: Seguridad alimentaria          www.consumer.es

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