La crisis del VIH en Venezuela llega a límites catastróficos

La crisis del VIH en Venezuela llega a límites catastróficos

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Los colectivos que luchan contra el VIH en Venezuela denuncian que la situación está al límite de la catástrofe con hospitales y farmacias sin stock de tratamientos antirretrovirales.

Que la situación económica en general de Venezuela es desastrosa no es una noticia nueva para nadie. Y, como en todas las crisis económicas, los más perjudicados son siempre los más desfavorecidos. Eso es lo que denuncian varias organizaciones que luchan contra el VIH en el país gobernado por Nicolás Maduro, que avisan de que la situación está llegando a un nivel tan trágico que están a punto de perder toda esperanza.

Positivos en Colectivo, una ONG que trabaja con pacientes de VIH y SIDA en Caracas, denuncia que el 85% de las farmacias de la capital se han quedado sin medicación; y que entre un 95 y un 100% de los hospitales no tienen stock de antirretrovirales. Y no sólo eso, el suministro de preservativos escasea y algunos centros ni siquiera tienen kits para realizar las pruebas del VIH. Mauricio Gutiérrez, un activista LGBT de Caracas, ha explicado a la NBC que el problema y no es un problema político, es un problema de vida o muerte. Según el activista hay miles de personas que necesitan la medicación contra el VIH que “no han sido visitados por ningún médico y están muriendo por la falta de medicinas, las infecciones y el hambre.”

En julio de 2017 la Red Venezolana de Gente Positiva denunciaba que los medicamentos antirretrovirales estaban siendo retenidos en la aduana del país por trámites burocráticos: “Tenemos pacientes que tienen más de 5 meses sin tomar tratamientos, su calidad de vida está comprometida“, explicó la organización. La doctora María Eugenia Landaeta, del Hospital Universitario de Caracas, explicó en una entrevista hace unos días que “hay más de 75.000 pacientes a nivel nacional que no están recibiendo su medicina, por eso sabemos que se las están tomando un día sí y dos no. Nuestra sugerencia es que es preferible dejar de tomársela porque los medicamentos para cuando hay resistencia son incluso más caros.” La Dra. Landaeta explicó, además, que la posibilidad de comprar los antirretrovirales en el extranjero era “inalcanzable” para la mayoría de venezolanos pues el coste del tratamiento oscila entre los 500 y los 1000 dólares.

Eduardo Franco, de la fundación contra el VIH MAVID, denuncia que la falta de medicinas es preocupante, pero que la falta de alimentos también está provocando una catástrofe: “La gente se está muriendo de hambre porque no pueden permitirse alimentarse.”

El problema se vuelve mucho más grave cuando se trata de la situación de bebés, niños y adolescentes. Gutiérrez ha explicado cómo tuvo que consolar a la familia de un chico de 16 años que “tenía VIH y estaba muy débil cuando llegó al hospital. Vomitaba mucha sangre y estaba desnutrido porque no había comido nada decente en semanas. No le hicieron ninguna prueba, le dejaron morir allí sin ningún tratamiento.” La falta de comida afecta especialmente a las madres VIH+ con bebés VIH- que no tienen leche en polvo para alimentar a sus hijos: “¿Qué van a hacer?” se pregunta Eduardo Franco, “Se arriesgan a transmitir el virus a sus hijos a través de la leche materna o a dejarles morir de hambre.”

Lo que sí quieren dejar claro tanto Gutiérrez como Franco es que la culpa no es de los hospitales, las farmacias o los profesionales de la salud sino del gobierno: “No pueden hacer nada sin los suministros y los medicamentos adecuados. (…) Si te pones enfermo en Caracas y vas al hospital todo lo que te harán, si tienes suerte, es ponerte en una cama y ponerte una solución salina. No hay esperanza en Venezuela y cada día se vuelve más duro.”

En mayo de este mismo año el personal sanitario del país se lanzó a las calles para protestar contra el presidente Maduro por negarse a recibir ayuda internacional y negar que existe la crisis: “El año pasado solicitamos que se abriera un corredor humanitario para permitir que las medicinas esenciales y los suministros de comida pudieran llegar” explica Gutiérrez, “Pero se negaron. Así que les hacemos responsables.”

Fuente | HIV Plus Magazine

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