¿Es necesaria una vacuna para acabar con la epidemia del VIH?

¿Es necesaria una vacuna para acabar con la epidemia del VIH?

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A pesar de que el VIH sigue constituyendo una grave infección que afecta de forma desproporcionada a los países y poblaciones con menos recursos, también es cierto que a lo largo de la pasada década, se ha registrado un importante descenso en el número tanto de muertes relacionadas con sida como en el de nuevas infecciones, según se constata en los datos del Programa Conjunto de Naciones Unidas sobre VIH/Sida (ONUSIDA).

Este descenso se ha producido gracias a la implementación y ampliación del acceso a distintas medidas preventivas y también a la terapia antirretroviral. En este contexto mundial, Antony Fauci y Hilary Marston (de los Institutos Nacionales de Alergias y Enfermedades Infecciosas de EE UU [NIAID, en sus siglas en inglés]) reflexionan, en un artículo publicado en New England Journal of Medicine, sobre el papel que puede desempeñar una vacuna contra el VIH y apuestan por ella como una herramienta fundamental, dentro del abanico de opciones preventivas ya existentes o en investigación, para poner fin a la epidemia.

Los esfuerzos preventivos del VIH han ido incorporando nuevas herramientas más allá de la simple provisión de preservativos y material de inyección estéril. Así, se calcula que el adecuado manejo del riesgo de transmisión del virus de madre a hijo durante el embarazo y el parto ha evitado más de 1 millón de muertes infantiles en todo el mundo, además diversos estudios determinan que la circuncisión reduce en dos tercios el riesgo de infección por VIH en hombres y el uso de fármacos antirretrovirales también ha demostrado su eficacia en su uso como profilaxis pre y postexposición (véase La Noticia del Día 29/11/2010), por poner algunos ejemplos de nuevas intervenciones preventivas de eficacia probada.

A todo esto se ha unido la evidencia de que la terapia antirretroviral no sólo ayuda a prolongar y mejorar la calidad de vida de las personas con VIH, sino que el control de la carga viral tiene también un efecto protector al reducir en gran medida la posibilidad de transmitir el virus a terceras personas (véase La Noticia del Día 19/05/2011).

Es más que probable que la combinación de todos estos métodos y su despliegue estratégico siga reduciendo la incidencia de VIH en el mundo. Los representantes de los NIAID se plantean el papel de una vacuna en este escenario y empiezan recordando que a pesar de este éxito evidente, aún queda mucho por hacer y estas intervenciones se encuentran con distintos factores sociales, educativos, legales y económicos que impiden su desarrollo óptimo y que podrían superarse con una vacuna.

Por ejemplo, los factores culturales pueden afectar a la implementación de la circuncisión en determinados países o poblaciones, al igual que los problemas de criminalización de la transmisión del VIH pueden afectar negativamente a los esfuerzos de detección y prevención. Por otro lado, también existen problemas económicos y éticos que podrían dificultar la provisión de forma generalizada de una profilaxis basada en fármacos (véase La Noticia del Día de 22/10/2013).

De igual modo, razonan los autores, habría que tener en cuenta que el uso de tratamiento como prevención plantea sus propias limitaciones: En EE UU, sólo la cuarta parte de las personas con VIH tienen una carga viral indetectable gracias al tratamiento, lo que podría interpretarse que la ventaja en la menor capacidad de infección no se estaría cumpliendo para el 75% de las personas con VIH.

Además, los portavoces de NIAID señalan otro aspecto que suele pasarse por alto; el riesgo de que se produzca una recidiva a nivel mundial. Históricamente ha habido casos de enfermedades que han rebrotado cuando parecía que estaban casi controladas (fundamentalmente debido a una menor financiación de los mismos esfuerzos preventivos que habían sido exitosos cuando el objetivo ya parecía alcanzado) y el doctor Fauci considera que algo así podría suceder también en el caso del VIH, especialmente si no se cuenta con una solución sostenible, como sería la vacuna.

Por todos estos motivos, los autores consideran que aunque podría ser posible controlar, o incluso poner fin, la epidemia del VIH empleando las intervenciones existentes, para alcanzar este resultado de una manera más rápida y definitiva sería esencial contar con una vacuna segura, aunque su eficacia preventiva no sea del 100%.

Sin embargo, la tarea de desarrollar una vacuna contra el VIH ha demostrado ser mucho más compleja de lo que se preveía (véase el artículo “¿Por qué no existe todavía una vacuna contra el sida?” en LO+POSITIVO 48) y el original optimismo con el que se afrontó esta tarea pronto se vio enfriado por una sucesión de fracasos, que llevó incluso a plantear si una vacuna preventiva era realmente posible. No fue hasta el año 2009 en que los resultados del ensayo RV144 proporcionaron la primera prueba de concepto de una vacuna, al conseguirse una modesta protección (aproximadamente del 31%) con el régimen de vacunación probado en dicho estudio (véanse La Noticia del Día 11/10/2013 y La Noticia del Día 26/10/2009).

Aunque todo este esfuerzo de investigación aún no ha traducido en una vacuna viable, ha permitido obtener una mejor comprensión de los mecanismos inmunitarios y la interacción del organismo con el virus, que ha abierto nuevas vías de investigación insospechadas y que alimentan el optimismo sobre la posibilidad de que se alcance el éxito en un plazo de tiempo razonable.

En su conclusión, los autores reiteran su convicción de que la manera más eficaz de poner fin a la pandemia del VIH reside en la inclusión dentro de las intervenciones preventivas disponibles de una vacuna segura y eficaz, que debería hacerse disponible a todas las personas que lo necesiten.

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