Entender los avances en la investigación de vacunas terapéuticas

Entender los avances en la investigación de vacunas terapéuticas

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¿Qué descubrimientos recientes están impulsando la investigación en el uso de vacunas para tratar o incluso curar el VIH? Por Mary Rushton

Por lo general, la palabra vacuna se em­plea para referirse a cualquier sustancia administrada a una persona para propor­cionar inmunidad frente a una enferme­dad y, en consecuencia, prevenirla. Sin em­bargo, en el campo del VIH (al igual que sucede en otras áreas como la del cáncer) se busca también otro tipo de vacuna cuya función sería terapéutica. Estas denomina­das vacunas terapéuticas se administran a personas que ya están infectadas por el vi­rus o que presentan la enfermedad con el objetivo de potenciar las respuestas del sis­tema inmunitario frente al patógeno. En el caso del VIH, deberían inducir unas res­puestas inmunitarias mejores a las que ge­nera de forma natural el propio organismo (véase ‘Cuestiones básicas’ del VAX de marzo de 2013 sobre ‘Entender la vacuna­ción terapéutica’). Uno de los motivos por los que la infección por VIH resulta tan difícil de controlar y aclarar —hasta la fe­cha sólo se conoce un caso de curación del VIH (véase el artículo ‘Lo más destacado’ del VAX de julio de 2013, ‘La OMS tiende una red más amplia’)— es que las respues­tas inmunitarias frente al virus generadas de forma natural por el cuerpo resultan, excepto en casos excepcionales, insuficien­tes para controlar de forma eficaz la infec­ción por VIH. En consecuencia, para que una vacuna terapéutica funcione deberá inducir unas respuestas inmunitarias dife­rentes a las que se observan en la infección natural por este virus.

El interés por las vacunas terapéuticas contra el VIH arrancó con fuerza, pero tras la introducción de la terapia antirre­troviral de gran actividad durante la déca­da de 1990 —unido a los resultados más bien decepcionantes de los ensayos clíni­cos que probaban candidatas a vacunas terapéuticas— este campo languideció du­rante algún tiempo.

Ninguna de las primeras candidatas consiguió mejorar la salud general de las personas con VIH en los ensayos ni tam­poco ralentizar el curso de su infección. Actualmente, el relativamente joven y pro­metedor campo de investigación en la cura del VIH ha reverdecido el interés por la vacunación terapéutica.

Aunque aún siguen faltando piezas para completar el rompecabezas de la cura del VIH, la vacuna terapéutica se conside­ra un componente clave para alcanzar di­cho objetivo. La investigación en vacunas terapéuticas del VIH también se está bene­ficiando de los recientes avances en la in­vestigación de vacunas preventivas. Ahora más que nunca, los campos de investiga­ción de las vacunas terapéuticas y preven­tivas, del tratamiento y de la cura se están solapando entre ellos (véase ‘Lo más des­tacado’ en este mismo boletín).

El mayor obstáculo

Una vez se produce la infección por VIH, el virus se oculta en diversas partes del organismo. Algunos virus permanecen en células que están inactivas (que no se replican) y, por consiguiente, eluden los efectos de la terapia antirretroviral. Sin embargo, si se interrumpe el tratamiento, estos virus durmientes (también llamados latentes) pueden volver a emerger y co­menzar a replicarse de forma activa. El conjunto de virus latentes (lo que se deno­mina reservorio viral) constituye uno de los principales obstáculos para conseguir la curación del VIH, como queda reflejado en el reciente caso de la niña que comenzó a tomar tratamiento antirretroviral a las pocas horas de nacer (véase ‘Lo más des­tacado’ del VAX de junio del 2014 ‘Acele­rar el ritmo’). Incluso en esa niña, cuya infección por VIH fue tratada de forma casi inmediata, el VIH comenzó a repli­carse hasta alcanzar niveles detectables después de interrumpir la terapia antirre­troviral.

Para contrarrestar este problema, se están probando diversos compuestos dise­ñados para sacar al VIH de sus escondites. Una vez expuesto, la vacunación terapéu­tica es un método que se está estudiando para permitir que el sistema inmunitario aclare estas células infectadas por VIH, reduciendo así (o incluso eliminando) el reservorio viral.

Por ejemplo, un equipo de científicos de Dinamarca acaba de poner en marcha un estudio de fase 1, en el que participan voluntarios con VIH para evaluar una candidata a vacuna terapéutica denomi­nada Vacc-4x, junto con un fármaco para tratar el cáncer que en un estudio anterior había demostrado ser capaz de activar el VIH latente en las células-T durmientes. Este enfoque combinado (al que en ocasio­nes se denomina “kick and kill”, golpear y eliminar) depende de que la candidata a vacuna terapéutica sea capaz de generar una respuesta inmunitaria lo suficiente­mente potente como para acabar con los virus que se hayan reactivado en el orga­nismo tras el uso del primer fármaco.

Anticuerpos para la prevención y el tratamiento

Los mismos anticuerpos que actual­mente constituyen el centro de atención de la investigación en vacunas preventivas también pueden desempeñar un papel en la vacunación terapéutica.

Un estudio realizado por el Instituto Nacional de Alergias y Enfermedades In­fecciosas de EE UU (NIAID), iniciado el pasado año y actualmente en curso, está probando lo que se denomina transferen­cia pasiva de anticuerpos tanto en perso­nas voluntarias infectadas y no infectadas por VIH. En estos estudios, los anticuer­pos ampliamente neutralizantes (capaces de desactivar una amplia variedad de ce­pas del VIH) se inyectan directamente en el organismo para ver si pueden prevenir la infección por VIH o inducir una supre­sión prolongada de la carga viral en per­sonas con VIH (véase ‘Cuestiones básicas’ del VAX de marzo de 2014 sobre ‘Enten­der el creciente papel de los anticuerpos ampliamente neutralizantes’). Otra estra­tegia consiste en el uso de la terapia gené­tica para introducir únicamente los genes que codifican los anticuerpos ampliamen­te neutralizantes, de forma que sean las propias células del organismo las que los generen, el lugar de tener que inyectar di­rectamente estos anticuerpos.

Al igual que sucede en el campo de las vacunas preventivas, en el de las terapéu­ticas se están estudiando también estrate­gias combinadas para intentar inducir unas respuestas inmunitarias más amplias frente al VIH.

Sin embargo, siguen existiendo impor­tantes lagunas en el conocimiento sobre el modo de diseñar y valorar dichas candi­datas en personas con VIH. El diseño de los ensayos clínicos para evaluar vacunas terapéuticas resulta más complicado por­que, en la actualidad, no se dispone de un sistema preciso para medir el tamaño del reservorio viral ni, consecuentemente, la eficacia de la candidata a la vacuna en la reducción de dicho reservorio. Además, la interrupción del tratamiento antirretrovi­ral en personas con VIH puede resultar peligroso.

Aunque los modelos que emplean ani­males constituyen una de las mejores ma­neras de evaluar la seguridad y eficacia de los nuevos medicamentos y candidatas a vacunas, la ausencia de un modelo animal perfecto para el VIH (que replique esta in­fección humana tan peculiar) ha consti­tuido un problema a la hora de prever qué eficacia tendrán las candidatas en los seres humanos.

Para abordar este tema, algunos inves­tigadores sugieren recurrir a una serie gra­dual de pequeños ensayos clínicos en per­sonas con VIH para determinar cuáles son las dianas más útiles para la inmuni­zación terapéutica.

Mary Rushton es una redactora freelance que vive en Cambridge, Massachusetts.

Fuente: Boletín sobre la investigación de vacunas contra el SIDA VAX

www.gtt-vih.org

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