“De momento, la erradicación total del VIH es imposible”

“De momento, la erradicación total del VIH es imposible”

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Hoy finaliza en Madrid el VII Congreso Nacional de GeSida, foro de debate sobre los aspectos científicos de la infección por VIH en España. José Alcamí, responsable de la unidad de inmunopatología del sida en el Instituto de Salud Carlos III, habla con Sinc sobre la cura funcional del virus que, según datos de la OMS, padecen 40 millones de personas en el mundo.

¿En qué consiste la cura funcional del VIH?

El problema del VIH es que, junto con la hepatitis B, son las únicas infecciones que hay que tratar toda la vida, ya que si se suspende el tratamiento el virus vuelve a repuntar. Esto no ocurre con otras infecciones para las que tomamos antibióticos una semana o seis meses y logramos eliminar el virus.

La cura funcional busca conseguir un tratamiento que el paciente tome durante un tiempo, que puede ser incluso un año, pero que luego pueda abandonar sin que el virus vuelva a salir, bien porque lo hemos eliminado completamente o porque su sistema inmunológico logra controlarlo. Es avanzar un paso más en el tratamiento de la infección.

¿Qué estrategias se están desarrollando para conseguirlo?

Hay varias estrategias, pero son tratamientos aún muy experimentales y se han realizado pocos ensayos en pacientes humanos. Actualmente se están siguiendo tres líneas de trabajo.

La primera, la más avanzada, es una estrategia denominada “shock and kill”, que podemos traducir por “sacudir y matar”. Consiste en utilizar fármacos que hacen que el virus que se encuentra escondido en determinadas zonas del cuerpo, los reservorios, sea activado. Es decir, el virus del sida, como los virus del herpes, puede permanecer en un estado latente en nuestras células, lo que supone un problema para localizarlo. La estrategia de “shock and kill” persigue activar esas células para que el virus salga de su escondite, momento en el que la medicación antirretroviral conseguirá acabar con él.

La segunda vía busca potenciar el sistema inmunológico para que reconozca de manera más eficaz las células infectadas y las destruya. En esta estrategia de inmunopotenciación hay tanto fármacos, como anticuerpos y vacunas terapéuticas.

La tercera es una estrategia de terapia génica, más a medio-largo plazo. Nuevas herramientas nos permitirían dirigir vectores de terapia génica a las células infectadas y eliminar el virus mediante técnicas de utilización de nucleasas.

¿Hay alguna fecha fijada como objetivo para conseguir una cura funcional generalizada?

De fechas es arriesgado hablar. Es un objetivo muy difícil, ningún virus que logra instalarse en nuestras células de una manera persistente es erradicado; no podemos erradicar el herpes, ni la hepatitis B, ni el papiloma… podemos controlarlos. El VIH es un desafío nuevo en virología y en tratamiento antinfeccioso. Es complicado porque este virus tiene una serie de mecanismos de persistencia en nuestras células que no comprendemos todavía y que necesitamos entender para eliminarlo. Ese el nuevo desafío. Siempre nos planteamos nuevos retos una vez que se alcanza un objetivo importante. Primero fue que el tratamiento sea eficaz y ayude a nuestros pacientes a tener una esperanza de vida excelente. Ahora, nuestra siguiente meta es curar y, por supuesto, conseguir una vacuna, que es la asignatura pendiente.

¿En qué punto se encuentran las investigaciones sobre la vacuna?

Vacunas preventivas eficaces frente al VIH no existen todavía. Es algo que se está investigando y en lo que se ha avanzado mucho en los últimos siete años. En estos momentos, los prototipos de vacunas que se van a ensayar son conceptos diferentes a todo lo que se ha hecho hasta el momento y que ha fracasado. Ahora estamos en una nueva generación de conocimiento que ha dado lugar a nuevos prototipos que se ensayarán en un pequeño número de voluntarios para ver si funcionan o no.

Se habla de cura funcional pero no de erradicación total, algo que sí que se consiguió en el paciente de Berlín, ¿cuáles fueron las condiciones especiales de este caso?

El paciente de Berlín es el único caso de curación total, un caso excepcional. Es un paciente con VIH que tuvo una leucemia, por lo que necesitaba un trasplante de médula. Para el trasplante se logró identificar a un donante compatible que tenía una mutación genética conocida con la cual el virus es incapaz de injertar, una mutación en uno de los receptores del virus que posee aproximadamente un 1% de la población y que los hace resistentes a la infección por VIH.

Así se cambió el sistema sanguíneo del paciente de Berlín por el nuevo sistema trasplantado, resistente a la infección. Hubo mucha expectación por ver si podía eliminar la infección, y sí, el virus se extinguió. No tuvo nuevas células a las que poder injertar porque las trasplantadas eran resistentes.

Entonces, ¿la erradicación total no es algo que se plantee?

De momento eso es imposible. El caso del paciente de Berlín es el típico caso clínico desgraciado con dos enfermedades muy graves, VIH y leucemia, al que al final le tocó la lotería. Se curó de la leucemia y esa cura, el trasplante, le permitió sanar de la infección por VIH. Pero esto no se puede plantear en otros pacientes: la tasa de mortalidad del trasplante es del 40%. No se puede proponer a no ser que el paciente tenga una leucemia y necesite recibir un trasplante porque si no morirá a causa de la enfermedad. Además, las células del trasplante deberían poseer la mutación. Se realizaron dos trasplantes con células no mutadas en Boston y al final hace poco hemos visto que el VIH volvió a aparecer.

 

Por: Marta Sofía Ruiz      

Fuente: Agenciasinc.es  

 

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