Cuerpos libres de humo: tabaquismo en personas con VIH

Cuerpos libres de humo: tabaquismo en personas con VIH

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Fumar tabaco es la causa más frecuente de muertes prevenibles en Estados Unidos. Según algunos estudios, más de 40 por ciento de las personas con VIH/sida son fumadoras. La combinación de tabaco y VIH incrementa el riesgo de enfermedad cardiovascular y enfermedades pulmonares como enfisema y asma, además de que el fumar ha sido relacionado con enfermedades de otro tipo, como candidiasis oral, neumonía bacteriana y tuberculosis. Así, una investigación realizada en Dinamarca descubrió que, del grupo de estudio conformado por unas 3 mil personas con VIH, 60 por ciento de las muertes estaban relacionadas con el tabaquismo.

Para dejar de fumar

Dejar el hábito del tabaco implica varias etapas. La primera es incluso anterior al intento. La persona debe dedicar tiempo a pensar cuánto, cuándo y por qué fuma. Saber aproximadamente cuántos cigarros consume al día ayudará a su médico a seleccionar el tratamiento más adecuado.

También es conveniente registrar (en una libreta, por ejemplo) las situaciones en el día que le dan ganas de fumar, lo cual le dará a la persona algunas claves de por qué lo hace. Por ejemplo, quizás fuma cuando se siente estresada, cuando está sola o cuando está con otros fumadores. Hacerse consciente de estos patrones puede ayudarle a darse cuenta cuándo es más propensa a buscar un cigarro.

Para dar el primer paso es muy recomendable encontrar una inspiración, una buena razón para dejar de fumar en la cual pueda enfocarse cuando pase por momentos difíciles de abstinencia. Asimismo, es mejor conseguir un aliado, que puede ser desde un amigo o amiga hasta los propios prestadores de servicios de salud.

Terapias de reemplazo de nicotina

Las herramientas más comunes que la gente usa para dejar de fumar son las terapias de reemplazo de nicotina (TRN), tratamientos que sustituyen el consumo de cigarros y suministran una cantidad específica de nicotina al cuerpo. El objetivo es reducir gradualmente la cantidad de nicotina que el organismo recibe (y desea).

En general, estas terapias son consideradas seguras incluso para quienes tienen enfermedad cardiaca, pero si la persona ha tenido recientemente un ataque al corazón, tiene ritmo cardiaco irregular o está embarazada, debe consultar con su médico antes de comenzar cualquier TRN.
Las terapias están disponibles en forma de parches, chicles, pastillas, inhaladores nasales y cigarros falsos, pero los tres primeros se usan con más frecuencia.

Los parches de nicotina se suelen usar entre 10 y 12 semanas y vienen en tres concentraciones diferentes, conocidas como “pasos”. En cada paso, los parches liberan una cantidad diferente de nicotina en el cuerpo. El paso en que debe comenzar cada persona y el lapso durante el que deberá usar los parches depende de si se fuman más o menos de 10 cigarros por día.
Estos parches pueden causar efectos colaterales similares a los de los cigarros: náusea, dolor de cabeza o insomnio. Algunas personas son alérgicas al pegamento usado en el producto y pueden presentar una reacción como inflamación o enrojecimiento de la piel alrededor del área del parche.

Los chicles y pastillas de nicotina, por su parte, vienen en diferentes presentaciones y concentraciones. Cada marca tiene una cantidad apropiada para usar, basada en uno de dos factores: el momento en que la persona enciende el primer cigarro del día, o bien, cuántos fuma diariamente.

Igual que el parche, se deben usar cierto número de pastillas o chicles cada día, y el número se reducirá al paso del tiempo. Algunas personas pueden percibir un mal sabor de boca con estos productos, o tener náusea, dolores de cabeza o insomnio.

Medicamentos de prescripción

La Administración de Alimentos y Medicamentos (FDA) de Estados Unidos ha aprobado dos fármacos para ayudar a dejar el hábito de fumar: el bupropión y la vareniclina.

El bupropión fue aprobado primero para tratar la depresión, pero después los investigadores descubrieron que en dosis altas ayuda a dejar de fumar. Aún no se comprende del todo el mecanismo por el que esto sucede, sin embargo, se sabe que la droga permite que muchos químicos cerebrales, incluyendo la norepinefrina, la dopamina y la serotonina, permanezcan en sus sitios activos por más tiempo, y también sirve para bloquear los receptores de nicotina en el organismo.

El tratamiento de bupropión para dejar de fumar consta de 12 semanas y comienza una semana antes de la fecha fijada para dejar el cigarro. Algunas personas lo siguen tomando hasta seis meses después del tratamiento completo para prevenir una recaída. En ciertos casos se pueden experimentar taquicardia, dolor de cabeza, insomnio, somnolencia, sequedad en la boca, pérdida de peso y náuseas al tomar este medicamento.

Fármacos contra el VIH como los inhibidores de la proteasa efavirenz o nevirapina pueden disminuir el efecto del bupropión, pero esto no implica que una persona con VIH no pueda utilizarlo. Lo que puede suceder es que la persona no sienta los efectos en su totalidad, o que necesite usar una combinación de productos, como bupropión más una TRN para obtener mejores resultados.

Por otro lado, la vareniclina trabaja activando parcialmente los receptores de nicotina en el cuerpo. Igual que el bupropión, toma al menos 12 semanas dejar de fumar usando la vareniclina. El fármaco se debe empezar a tomar una semana antes de la fecha fijada para dejar de fumar, o se puede comenzar y elegir una fecha hasta 35 días después de iniciado el tratamiento. También puede continuarse con la toma después del periodo establecido, para ayudar a prevenir una recaída.

La vareniclina es un medicamento más reciente y los científicos aún están aprendiendo sobre sus efectos colaterales. Si la persona tiene depresión, otras condiciones psicológicas o enfermedad cardiovascular, debe consultar con su médico sobre empezar un tratamiento con vareniclina. Algunas de las reacciones secundarias son agitación, hostilidad o depresión, y en casos raros se ha experimentado psicosis o pensamientos suicidas.

En el caso de la vareniclina, no se han documentado interacciones medicamentosas con los fármacos antirretrovirales.

Como es común, la o el médico tratante debe avalar cualquier tratamiento que una persona con VIH desee emprender, para cerciorarse de que cada medicamento cumpla su función de una manera óptima.

Dejar de fumar puede no ser fácil, pero es una de las mejores formas de mantener el corazón y pulmones saludables para el resto de la vida.

* Versión traducida y editada del texto “Kicking the smoking habit”, publicado en Beta. http://betablog.org/kicking-the-smoking-habit/

Autor: Jennifer Cocohoba

Fuente: Letra S, Salud, Sexualidad, Sida     www.letraese.org.mx

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