Crisis en Venezuela: Esperando refugio

Crisis en Venezuela: Esperando refugio

0
Compartir

Sus inmensos ojos verdes, inquietos como la impaciente expresión de su rostro, se clavan en el teléfono móvil. Un hábito que une a miles de venezolanos expatriados, ya que las redes sociales son la ventana que mantienen abierta para expresar sus sentimientos ante la crisis de su tierra.

En su país, Virginia trabajaba con el gobernador del estado de Miranda, Enrique Mendoza. Ella votó por Irene Sáez, ex-Miss Universo vencida por Hugo Chávez en la contienda electoral de 1998, y escribió varios artículos en contra del Gobierno bolivariano.

Quizás por eso decidió emigrar a Ecuador el pasado 27 de octubre. Licenciada en Administración de Empresas y profesora universitaria, hoy vende jugos en Guayaquil, abrigada por las pausas que le da un semáforo. No tiene documentos que acrediten su estatus legal en Ecuador. El motivo: solicitó refugio, pero lo hizo fuera del plazo fijado por las leyes ecuatorianas.

Un corredor, oscuro como su vida presente, conecta la entrada de su hogar con el minúsculo cuarto donde reside con su hijo y su esposo. El muchacho, que duerme sobre un fino colchón, también “es guarimbero”, nombre con el que se conoce en Venezuela a quienes forman parte de los grupos opositores. Y ahora sueña con “conseguir una visa”, que le permita retomar sus estudios universitarios.

Virginia recuerda que el barrio donde residía en Venezuela estaba habitado en un 90 % por afines a Chávez: “Sabía lo que iba a pasar. Por eso rogaba a la gente que no votara por él y escribí aquellos artículos en el periódico El Universal”.

Llegó al Puerto Principal atemorizada, después de que en el vecindario le sustrajeran la moto, rayaran su carro y robaran en su hogar. Su hermano también optó por volar, pero puso rumbo a España, donde se mantiene vinculado a la oposición. Los planes de ambos se pulverizaron.

No es la única que buscó una salida desesperada en ciudades como Quito o Guayaquil. El secretario ejecutivo del Comité Permanente por la Defensa de los Derechos Humanos (CDH), Billy Navarrete, saca a la luz unas cifras hasta ahora desconocidas. Según detalla a EXTRA, una funcionaria de la Cancillería le dijo que ya habían llegado “unas 200” solicitudes de refugio por parte de venezolanos como Virginia. De todas ellas, el CDH y Asylum Access (AA), organizaciones que brindan asesoría legal a migrantes, han recibido treinta desde el año pasado.

“De los casos que conocemos, nadie ha obtenido el refugio”, su-braya Navarrete. La situación se repite en Assylum Access. “Tuvimos personas que en Venezuela no podían acceder a medicinas para el VIH y medicinas regulares, que vinieron en condiciones terribles al Ecuador”, sostiene Anilka Ramirez, abogada de AA.

Otros como Raquel, que reside en la urbe porteña desde hace un mes, ni siquiera han tenido tiempo para demandar el amparo de las autoridades estatales. La búsqueda de un empleo la ha absorbido por completo. Pero a pesar de las dificultades a las que se enfrenta, sonríe al afirmar que aquí al menos no hace colas para comprar en los supermercados; que no necesita dormir en la calle para adquirir dos fundas de harina pan en una fila interminable, donde hombres motorizados suelen usar la violencia para ocupar los primeros puestos.

Al igual que Virginia y su familia, ni ella ni su pareja, Gastón, disponen de documentos que legalicen su estancia en Ecuador, pero al menos Raquel ha obtenido trabajo en una panadería y vende dulces a domicilio. Así pueden conseguir tibolona, un medicamento que necesita para producir hormonas en su cuerpo. Por eso siguen aquí, lejos del grave conflicto que vive su país.

Gastón temía por su vida en Venezuela. Está convencido de que allí iba a terminar en la cárcel por traición. Asegura que formaba parte de la Guardia Nacional, que conoció a Hugo Chávez por su trabajo antes de que este fuera presidente: “Siempre coincidíamos en el ascensor. Tenía un poder de convicción impresionante”, afirma cobijado en un pequeño departamento que comparte con otros cuatro compatriotas, mientras su mujer rellena una torta de vainilla con manjar.

Vino a Ecuador porque no quería correr un destino parecido al de otros colegas uniformados, dejando atrás una casa y un auto. “De nuestros comandos, -supuestamente- hay detenidos más de seiscientos hombres que no están de acuerdo con el proceso actual. Yo los conozco”, confiesa preocupado.

Sus discrepancias con la Revolución Bolivariana se pusieron de manifiesto hace cinco años, cuando se negó a detener un bus que viajaba a Caracas, repleto de manifestantes opositores. “No me gusta maltratar a la gente. Antes no se golpeaba a nadie. Ahora -presuntamente- se golpea a señoras, niños, mujeres embarazadas… Nunca estuve de acuerdo con eso. Por eso tuve problemas”, denuncia al tiempo que muestra su deseo de conseguir trabajo estable.

La escasez “de papel higiénico, medicinas y alimentos” empujó a Ramón, amigo de Raquel, a dejar Venezuela, donde diseñaba ropa femenina. Hoy viaja a diario desde el suburbio hasta Samborondón para confeccionar prendas en un taller que parece de alta costura: faldas con volados, ‘crop tops’ y vestidos ceñidos figuran en las colecciones que corta y cose.

Desde la pequeña sala de su departamento, Raquel, Gastón y Ramón buscan en YouTube los videos que emite el Gobierno de Nicolás Maduro por la televisión Vive. En uno de ellos aparece una jovencita, de cabello lacio y negro, que promociona una toalla sanitaria “de tela ecológica”. A pesar de sus penurias, los tres ríen cuando la chica asevera a los televidentes que el trapito permitirá a las mujeres no entrar en el “ciclo comercial del capitalismo salvaje“.

Sin embargo, también hay quienes, como Ramón, prefieren acceder a la visa Unasur que a la condición de refugiado. Él arribó al Puerto Principal el pasado 5 de febrero, acuciado por la crisis económica y la inseguridad, con el único apoyo de las muletas que porta para caminar. No se despega de ellas desde que sufrió un accidente de tránsito, a bordo de una moto. “Arremeten contra uno, tratan de amedrentarte, lanzan bombas molotov contra la gente. Son los grupos del oficialismo”, apunta.

ATENCIÓN

La violencia de los grupos civiles es una de las causas que aviva el éxodo de venezolanos a Ecuador, según los registros de las ONG que atienden a los migrantes. A fines del año pasado, acudió al CDH, agencia socia de Acnur, un joven llamado Jesús, gay y portador del VIH. “Fue acosado por una banda que controlaba parte de su ciudad. Ese fue el detonante para que decidiera salir”, explica Navarrete.

Jesús solicitó refugio a raíz de que unas personas supuestamente ingresaran a su vivienda, lo golpearan y lo dejaran casi muerto. Actualmente, su petición se encuentra en trámite según el CDH, adonde llegan personas que padecen “persecución y amenazas a su integridad física”.

Assylum Access apoya a quienes no podían adquirir medicinas para el VIH u otro tipo de enfermedades en su país natal. Pero desde la organización comentan a este Diario que estos afectados están recibiendo ayudas del Ministerio de Salud Pública ecuatoriano. No obstante, en la entidad también conocen el caso de una joven universitaria, cuya participación en política presuntamente habría generado venganzas en contra de su familia.

NORMATIVA

La ley recoge esta figura

Según el Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Refugiados en Ecuador, un refugiado es una persona que, “debido a fundados temores de ser perseguida por motivos de raza, religión, nacionalidad, pertenencia a determinado grupo social u opiniones políticas, se encuentra fuera del país de su nacionalidad o no puede -a causa de muchos temores- acogerse a la protección de tal país”.

El marco legal ecuatoriano reconoce este derecho en la Constitución y en la Ley de Movilidad Humana. Esta definición se amplió con la Declaración de Cartagena, que extiende la figura del refugiado a personas que huyen por conflictos armados, violencia o situaciones generalizadas de violaciones masivas de DDHH.

SIN RESPUESTA

El 13 de julio, EXTRA solicitó entrevistar a un responsable de la Cancillería para contrastar los datos de las ONG. Su petición aún no ha sido atendida.

Fuente: Fernanda Carrera / Extra.ec 

No hay comentarios